
A los treinta y soltera. Nunca imagine que llegaría a los treinta soltera. Pensaba que tenia que seguir los pasos de nuestras madres. A los 21 se casaban y a los 23 ya esperaban su primer hijo.
A lo mejor en sus tiempos era así, y ahora eso se considera un poco precipitado...pero ¿a los treinta soltera?
No creo que sea tan raro que pase la mayor parte del tiempo fantaseando con el día más importante de mi vida. ¿O sí? no tengo ni idea. Avanzar hacia el altar, colores blancos y flores rosas...
A veces creo que la culpa es mía. que debo de estar haciendo algo mal, como emitir mensajes subliminales que les permiten oler la desesperación. es como si llevara un letrero luminoso pegado en la frente que dijera: "¡ALERTA!, BUSCO COMPROMISO". Sin embargo, la mayoría de las veces les achaco a ellos la culpa, porque son unos cabrones, sin excepción.
Me gustaría que me consideraran madura y sofisticada, y no una joven atractiva. Desafortunadamente, yo no quiero ser atractiva, sino hermosa. Y lo intento, me pinto los ojos y trato de mirar con coquetería por debajo del flequillo, pero no hay nada que hacer. la belleza no se consigue.
Me parezco a ese prototipo de mujer dura por fuera y blanda por dentro. Si me encierras en una habitación con alguien de quien me pueda enamorar, entonces me derrito como la mantequilla. Y ese es mi problema. los hombres creen que soy una mujer reacia, dura, y peligrosa. Sin embargo, a las dos semanas se dan cuenta de que no soy tan distinta a las demás.
Existe un clan, al cual pertenecen las mujeres que están hartas, mujeres que se han obligado a ser felices con sus gatos y sus amigas, que se conforman con acostarse de vez en cuando con hombres que la tratan como una mierda y no la vuelven a llamar jamás. Es fácil reconocer a una hermana del clan.
Hace algunos años las integrantes del clan eran mujeres que se relacionaban con hombres. Eramos sus amigas, salíamos, nos emborrachábamos, echábamos un polvo con alguno de ellos, y a la mañana siguiente nos librábamos de él como podíamos. Sin embargo al llegar a los treinta las cosas cambian. Nos convertimos en mujeres que se relacionan con mujeres. nos envuelve un aura de resignación, hemos asumido que los caballeros de brillante armadura desaparecieron con la mesa redonda, y lo único a lo que podemos aspirar es a liarnos con hombres casados.
Realmente lo que ocurre, es que fingimos ser felices con nuestras vidas, pese a poner cara de asco cuando vemos parejas acarameladas, la verdad es que nos morimos de envidia. Creemos en el amor, si. Nos encerramos en oscuras salas de cine y vemos películas del tipo "Algo para recordar" y "Mientras dormías" mientras nos ruedan lagrimones por las mejillas. Y aunque sabemos que son todos unos malnacidos, esperamos que llegue el nuestro y nos rescate de la vida de soltería que llevamos.
Es cierto, no hay nada mejor que estar en la cama de un ligue nuevo, en soledad, la mañana posterior al primer acto sexual, justo en el momento en el que decides que vais a tener un futuro en común, pero un apunte: Cuando se levantan con las primeras luces del día, te besan, te abrazan, te echan un polvo y, acto seguido, desaparecen en busca de la maquinilla de afeitar, entonces una debe saber que ha topado con un rollo de una sola noche. Cuando se levantan con las primeras luces del día, te besan, te abrazan y, acto seguido, te proponen ir a desayunar, entonces una se imagina que ha topado con un caballo ganador.
Vives con una persona, te ríes con ella, la quieres y, un día, todo se acaba. Tratas de acercarte y alcanzarla pero te das cuenta de que se ha instalado una barrera invisible entre vosotros. Te encuentras en la cocina con esa persona, y es como si fuerais completos desconocidos, como dos putos extraños, cuando la semana anterior habíais estado susurrando lo mucho que os queríais.
Por mal que nos sepa, así son las relacionas, es parte de la vida, y todas las grandes canciones, películas y poemas de amor han sido escritos por gente que pasó por lo mismo. Sin embargo, eso no es ningún consuelo.
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A pesar de todo, la esperanza es lo ultimo que se pierde.